Dirigida y adaptada por Alfonso Paso esta obra nos muestra una vez más una adaptación de su ingenio en el que juega un poco con lo abstracto y lo simbólico.
Cuenta la historia de un asesino en serie, Roberto Zucco, de quien se enamora una muchacha a la que lleva a la perdición. Comienza asesinando a sus padres y durante la historia sigue eliminando a aquellos que se ponen en su camino.
Ha apostado por un elenco de actores en su mayoría nóveles, sobre todo para los papeles principales. Esto es algo muy arriesgado, pues en momentos se notaba la falta de experiencia ante determinados momentos como es la proyección de la voz y la pérdida de los finales de frase.
Ha utilizado en el montaje algo que podríamos decir muy "Brechtiano", ya que rompe con la ilusión teatral, pues todos los actores se encontraban en escena todo el tiempo.
Ha sabido jugar muy bien con la iluminación y la música, convirtiendo esto así en lo mejor de la obra.
El ritmo en la obra en ocasiones se hacía un tanto lento, pues contiene muchos monólogos largos que además dominan un lenguaje significativo que puede hacer que te pierdas en determinados momentos y no termines de comprender el sentido de algunas de las partes.
También juega con los colores del vestuario entre los que predominaban únicamente el negro, rojo y blanco dando así un juego de equilibrio y simbología en los personajes que portaban estos colores en sus vestimentas. La misma simbología se reflejaba en el calzado que sólo llevaban determinados personajes, aparentemente aquellos que menos referencia hacían del pecado.
Creo que para aquellos que han ido a verla, las opiniones se resumirían en dos: algunos la nombrarían de entretenida, otros de aburrida.
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